Ya en la Perspectiva hemos visto cómo una imagen bidimensional puede ser percibida como tridimensional. Ahora, sin duda alguna, debemos establecer el concepto de volumen, a mi juicio, uno de los más importantes en términos de transmitir esta sensación de tridimensionalidad de las imágenes.
En nuestra concepción, la tridimensionalidad es percibida a partir de impulsos eléctricos que se transmiten al cerebro de acuerdo a la luz que reciben los ojos, éstos, al estar separados crean una imagen mental que combina ambos ángulos de visión, estableciendo forma, tamaño y ubicación espacial de lo que se observa, sin embargo, la interpretación que nuestro cerebro realiza, necesariamente requiere de elementos de comparación dispuestos dentro del rango de visión que dicen relación con la Perspectiva y el Volumen, sin estos, se pierden la relación de distancia, profundidad, tamaño y forma.
El Volumen es una Magnitud física que expresa a extensión de un cuerpo en tres dimensiones, largo, ancho y alto… según lo define la RAE, el tema es que la fotografía es bidimensional, por lo tanto, la determinación del volumen está dada por otros elementos, estos son la luz y sombra, mediante estos elemento podemos determinar visualmente si una nariz es grande o pequeña, si un rostro es redondo o cuadrado o si estamos frente a un pilar o un bloque, el cambio tonal de claro a oscuro, la proyección de una sombra y la longitud de ésta, nos entrega una percepción de la forma, tamaño y textura de un sujeto, para esto, es fundamental el control de la dirección y calidad de la luz, la luz frontal no genera sombras claramente visibles, con lo que se pierde en parte la sensación de volumen, por otro lado, una luz lateralizada aumenta la longitud de las sombras visibles desde la cámara, una luz lateral trasera perfila los sujetos, los separa del fondo y destaca sus bordes, especialmente, los redondeados, por su parte, un contraluz sólo destaca la forma como silueta, sin ninguna información de volumen, en términos de la calidad, una luz suave produce sombras degradadas, en cambio, una luz dura genera sombras muy marcadas, al combinar todas estas posibles iluminaciones se tienen resultados distintos según cada caso, variando el efecto resultante, con ello, el observador tendrá una percepción de volumen y textura distinta en cada escenario, de ahí que el control de la iluminación es fundamental para transmitir, en una imagen, un mensaje visual que llegue al observador de forma clara y sin ambigüedades.